
Recorro el borde de tus letras
con la paciencia de mi dedo índice,
concupiscencia de eclipse por anular,
fruición de labios
en su mordida.
Redibujo en tu retrato desgastado
aquella sonrisa
prendida de mi alma,
engarzando luz al porvenir del sueño,
regando con deseo
el jardín de utopías.
Recuerdo la pena, pérfida inquilina
acomodada en los huecos de mi ausencia
y tu fantasma merodeando por la casa,
tatuando mi nuca
con un fuego de mareas.
Rememoro las salidas,
las idas y venidas,
sólo huesos
para un perro condenado
a una inanición permanente.
Los menús de un solo plato,
besos tiernos para el desayuno
y flores aguardando su inmortalidad
en el brocado azul de la alfombra.
Redecoro mis sonrisas
con la luz de aquellos días,
tratando de espantar el silencio
de este presagio de tinieblas.
© Jun 04, 2007