
No es que sea muy futbolera normalmente, pero cada dos años España tiene una cita con la Eurocopa. Y todo el país parece detenerse cuando llega,
tod@s olvidamos las decepciones pasadas y ese techo de cristal que parecen ser los cuartos de final. Venga, que hay que apoyar con toda nuestra pasión al equipo patrio, no cabe el desánimo, no se permiten las dudas; aunque realmente por encima de nuestras cabezas planee en silencio ese regreso anticipado de la selección.
Much@s jurarían que se trata de una maldición porque es inexplicable cómo un equipo formado por grandes jugadores como Casillas, Pujol, Xavi o Torres -por nombrar algunos- pueden ir batiendo a sus rivales sin demasiado esfuerzo hasta los mismísimos cuartos, donde parecen ser atacados por una fuerza superior y, cual sansones rapados al cero, se nos desinflan dejándonos con el ánimo por los suelos.

Pues bien, este año gracias a Cuatro, nuestros miedos se han acabado. A alguien se le ocurrió la idea de que hacerles vudú a nuestros rivales acabaría con nuestra mala suerte. Y dicho y hecho: aquí tenemos comercializado a un muñequito llamado Otto, que dice ser el guardián de la selección. Para flipar. Ya me veo a los más forofos en el bar de costumbre: Otto ataviado con la camiseta del rival en una mano, aguja de trinchar en la otra y cervecita en la barra para aplacar el calor que da esa risa nerviosa y sádica provocada por los pinchazos repetidos al pobre muñeco. Que a las primeras de cambio va a acabar cmo un colador, lo veo venir. Pero no pasa nada, al precio módico de siete euros nos vamos al kiosko de la esquina y nos hacemos con otro para el siguiente partido, claro. Todo sea porque los nuestros ganen de una vez.

De risa sería también ver a los de la selección diciéndoles al oído a los rivales: "Os vais a cagar, este año tenemos un arma mortífera", señalando a las gradas y a esos miles de seguidores, muñeco ensartado en mano. Igual hasta alguno se lo cree, le entran los siete males y comienzan a temblarle las piernas.
Realmente pensaba que los entendidos del fútbol -que en España parecen ser la mayoría, a juzgar por las conversaciones que puedes escuchar en los bares- creían verdaderamente en el poder de la selección española, de esos súper hombres que defenderán los colores. Pero supongo que hasta la confianza termina perdiéndose, y hay que echar mano de lo que haga falta, incluida la magia negra. Todo sea porque este año no nos dejen con la miel en los labios.
Lo malo es que aun así pierdan y los más exaltados decidan juntarse para formar una hoguera con todos los muñequitos ataviados con la camiseta de la selección... Ups!
El que de seguro no pierde es el publicista al que se le haya ocurrido semejante idea para tratar de joder al rival. Se va a forrar.