viernes, 1 de febrero de 2008

Caricias en tu espalda


A veces, sin ser consciente, uno escribe pensamientos o historias que terminan convirtiéndose en atemporales..




Puede que ella nunca hubiese llegado a reconocerlo, pero lo cierto es que, para cuando quiso darse cuenta, aquel hombre de mirada encendida ya se había hecho un lugar en su interior, rellenando huecos permanentes que la vida le había ido forjando a golpe de desilusión.

Hasta entonces no había reparado en que se había ido construyendo un caparazón de frialdad e indiferencia que conseguía aislarla de sentimientos que la herían, sin percatarse que ese mismo muro que erigió la estaba convirtiendo en la persona que nunca quiso llegar a ser. Lo que tampoco supo observar fueron las fisuras por las que aquella sensación de calidez se iba colando, mientras compartía con él, día tras día, cotidianeidades y melodías. Su compañía la salvaba del naufragio de su soledad, y así fue cómo se dedicaron a navegar juntos todos los océanos. ¡Y es que era tan grata aquella sensación…! Inusualmente íntima, cálida, misteriosa… intensa.

Se prometieron no involucrarse demasiado, ambos sabían que, de ser así, vivirían en un imposible. Así que se anudaron suavemente.

Pasaron varias lunas, tiempo en el que aquella distancia no era más que una palabra malsonante que agriaba el dulce de sus labios, en que la cercanía de sus almas vencía tempestades. Y mientras, se dibujaban sonrisas el uno al otro. Él la abrazaba, la arropaba con su voz cada vez que se sentía vencida; ella le trazaba en su lienzo azul acordes de otros mundos.

Pero la vida sigue, como la senda de sus días, y él planeó una huida en la que quiso dejarse llevar por el viento, sin amarres que le impidieran seguir volando lejos de todo. Así que, un buen día, decidió soltarse de las mismas manos que aún no había acariciado y, aunque ninguno articuló palabra, el dolor de sus almas fue agudo cuando deshicieron aquellos nudos invisibles.Tal vez, en ese mismo instante, se miraron a los ojos y fueron conscientes de que realmente no querían volar por separado. Y él regresó para anudarla aún más fuerte a su pecho y, olvidando los imposibles, se confesaron entre silencios su necesidad mutua.

Ahora duermen abrazados cada noche, y se siguen observando en el silencio de sus distancias. A veces, él acerca su mano al rostro de ella para apartarle un cabello de la comisura de sus labios, y ella le sonríe con sus ojos vidriosos.

-Sabes.., me dolería más estar sin ti–, susurra ella con los ojos cerrados en su oído dormido, mientras se anuda a su espalda y le acaricia con una suavidad trémula.

Porque sueño a tu lado.., aunque no duerma contigo.


© Lunazul

2 comentarios:

Paula dijo...

uyy te odio mi querida lunazul..nunca antes habia leido algo q me interpretara tannn bien!!! ME HICISTE LLORAR!

algun día te contaré la historia...

un abrazo...y mil sonrisas

Lunazul dijo...

Pues cuando quieras, ya sabes dónde encontrarme :)

Espero que las lágrimas no fueran amargas.. Yo alguna vez también he llorado recordando esa historia, pero aunque no terminara bien, intento quedarme con lo bueno; eso siempre :)

Besitoss.